El crecimiento de los barrios populares coloca a Río Negro y Neuquén frente a un problema que atraviesa sus principales centros urbanos: las dificultades para acceder a terrenos, viviendas y servicios básicos. Un relevamiento de la Fundación Tejido Urbano señala que, entre 2016 y 2025, la superficie ocupada por estos barrios aumentó un 35,8% en la Patagonia, por encima del 18,2% registrado en el conjunto de los 34 aglomerados urbanos argentinos analizados.
Dentro de ese escenario sobresalen dos casos que involucran al territorio rionegrino. En Viedma-Carmen de Patagones, la superficie de los barrios populares creció un 112%, mientras que el aglomerado Neuquén-Cipolletti concentró aproximadamente la mitad del incremento territorial registrado en toda la región patagónica. Los resultados exponen la dimensión del desafío habitacional, aunque no permiten calcular por sí solos cómo varió la cantidad de personas en situación de pobreza.
El aumento del 112% en Viedma-Carmen de Patagones significa que la superficie ocupada por los barrios populares más que se duplicó respecto de su extensión inicial. El dato corresponde al aglomerado que integran ambas ciudades y no permite atribuir todo ese crecimiento a la capital rionegrina. Aun con esa precisión, ubica a la comarca entre los casos destacados del relevamiento y pone bajo análisis las respuestas estatales frente a la demanda de suelo urbano.

La expansión abre una discusión que compromete a los municipios y a las administraciones provinciales: cómo acompañar el crecimiento de las ciudades con terrenos accesibles, infraestructura y alternativas habitacionales. Cuando el acceso al mercado formal resulta insuficiente, las dificultades se acumulan en sectores donde la regularización de la tenencia y la conexión a los servicios básicos siguen pendientes. El porcentaje describe esa transformación territorial, aunque no identifica por sí mismo las causas particulares de cada asentamiento.
En el aglomerado Neuquén-Cipolletti, los barrios populares ya representan el 11% de la superficie urbana. Además, el área concentró aproximadamente la mitad del crecimiento registrado en la Patagonia durante los nueve años estudiados. Su peso regional convierte al acceso a la vivienda y a la integración urbana en un asunto central para dos ciudades que comparten una dinámica metropolitana, aunque pertenecen a provincias diferentes.
Ese escenario convive con el desarrollo energético de Vaca Muerta y con las expectativas de inversión y empleo que genera la actividad hidrocarburífera. El contraste plantea una pregunta sobre la distribución de los beneficios del crecimiento: de qué manera la expansión económica se traduce en posibilidades concretas de acceder a una vivienda y a servicios. El relevamiento no establece que la actividad petrolera haya causado el avance de los asentamientos, pero muestra que el dinamismo productivo coexiste con un déficit habitacional persistente.
La dimensión compartida del problema también exige coordinación entre Río Negro y Neuquén. El acceso al suelo, el transporte y las redes de infraestructura forman parte de una realidad urbana que supera los límites administrativos. Por eso, los datos del aglomerado deben leerse como una advertencia para ambos gobiernos provinciales y para los municipios involucrados, sin adjudicar a una sola ciudad cifras que corresponden al conjunto.
En los 34 aglomerados relevados, la superficie de los barrios populares pasó de 314 a 371 kilómetros cuadrados entre 2016 y 2025: una expansión de 57 kilómetros cuadrados. La Patagonia creció proporcionalmente más que el promedio de ese universo. Sin embargo, los resultados destacados de Viedma-Patagones y Neuquén-Cipolletti no equivalen a una medición de todo Río Negro o de toda la provincia de Neuquén, sino que describen situaciones específicas dentro de esos territorios.

El período comprende distintas administraciones nacionales, provinciales y municipales, por lo que el resultado acumulado no puede atribuirse exclusivamente a una gestión. Para Río Negro y Neuquén, el desafío consiste en dar respuesta a una demanda que ya tiene expresión territorial: barrios que se expanden y necesitan obras, regularización y servicios. La discusión excede la construcción de viviendas e incluye las condiciones en las que las familias pueden incorporarse a la ciudad.
La Fundación Tejido Urbano comparó imágenes satelitales de 2016 y 2025 y utilizó como referencia los polígonos del Registro Nacional de Barrios Populares de 2023. El análisis incluyó más de 7.500 polígonos y detectó también situaciones de estabilidad y reducción de superficie. El saldo general fue expansivo y, en los casos de Río Negro y Neuquén señalados por el estudio, deja planteada una exigencia concreta: que las políticas de suelo, vivienda e infraestructura acompañen el crecimiento urbano.