Por: Redacción
La crisis industrial de Tierra del Fuego ya no se expresa solamente en fábricas con menor actividad, suspensiones o puestos de trabajo perdidos. También comienza a reflejarse en la dinámica demográfica. Río Grande, la ciudad más poblada de la provincia y una de las localidades con mayor dependencia de la actividad fabril, registró una caída de habitantes después de más de un siglo de crecimiento sostenido.
El deterioro coincide con una fuerte contracción del empleo registrado durante la presidencia de Javier Milei. Según un informe elaborado por la consultora fueguina Neodelfos a partir de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la provincia pasó de 79.974 trabajadores registrados en diciembre de 2023 a 65.953 en mayo de 2026. En ese período desaparecieron 14.021 empleos, equivalente a una caída del 17,5%.

El impacto sobre la población aparece como una de las señales más relevantes. De acuerdo con los datos recopilados por Neodelfos, Río Grande pasó de 98.017 habitantes en 2022 a 103.191 en 2024, pero luego comenzó un retroceso. La ciudad registró 102.373 habitantes en 2025 y 101.441 en 2026. En dos años perdió 1.750 habitantes, aproximadamente el 1,7% de su población.
El director de la consultora, Leonardo Pérez Bustos, advirtió además que la pérdida podría ser mayor, debido a que los cambios de domicilio registrados por el Registro Nacional de las Personas (Renaper) no reflejan de manera inmediata todas las mudanzas. Según su estimación, la pérdida efectiva podría alcanzar actualmente a unos 3.000 habitantes.
El dato adquiere una dimensión histórica si se considera que Río Grande pasó de apenas 73 habitantes registrados en 1895 a convertirse en uno de los principales centros urbanos de la provincia. Durante décadas, el crecimiento industrial funcionó como un factor de atracción de trabajadores y familias. Ahora, la pérdida de puestos laborales comienza a poner en cuestión esa dinámica.
La caída del empleo tampoco muestra señales claras de estabilización. Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026 se perdieron otros 3.737 puestos registrados, lo que representa una contracción del 5,4% en apenas cinco meses. En la comparación interanual contra mayo de 2025, la reducción alcanzó los 3.575 empleos.
Los 65.953 trabajadores registrados contabilizados en mayo dejaron a Tierra del Fuego apenas 1.183 puestos por encima del peor registro de la serie iniciada en 2015. Ese mínimo se había producido en mayo de 2020, en plena pandemia de coronavirus, cuando la provincia contaba con 64.770 trabajadores registrados.
El informe de Neodelfos calcula además que la pérdida de empleo representa, a valores salariales actuales, entre $456.000 millones y $523.000 millones de masa salarial potencial que dejó de circular desde diciembre de 2023. El impacto no se limita entonces a las plantas industriales: también alcanza al consumo, al comercio y a los ingresos de los hogares.
La estructura económica de las dos principales ciudades fueguinas permite explicar parte del contraste. Según el análisis citado, alrededor del 80% de la producción de Río Grande está vinculada con la industria, mientras que en Ushuaia esa participación ronda el 20%. La mayor diversificación de la capital provincial, especialmente por su actividad turística y de servicios, funciona como un amortiguador frente a la contracción fabril.
La diferencia también aparece en los datos demográficos. Mientras Río Grande comenzó a perder población, Ushuaia incorporó 1.188 habitantes entre julio de 2024 y junio de 2026, con un crecimiento del 1,4%. El contraste refuerza la relación entre la estructura productiva de cada ciudad y su capacidad para absorber el impacto de la crisis industrial.
El trasfondo del conflicto está relacionado con el cambio en las condiciones económicas del régimen industrial fueguino impulsado por el Gobierno de Javier Milei. La apertura de importaciones, la reducción de aranceles para determinados productos tecnológicos y la estrategia oficial de reducir costos buscan aumentar la competencia y abaratar precios, pero también tensionan un régimen promocional creado para compensar las dificultades de producir a miles de kilómetros de los principales centros de consumo.
En ese escenario, sindicatos, empresarios y dirigentes fueguinos advierten sobre el riesgo de una mayor pérdida de producción y empleo. El intendente de Río Grande, Martín Pérez, vinculó directamente la defensa de los puestos laborales con la permanencia de la población: “Defender el empleo es defender el arraigo, la identidad y la posibilidad de seguir creciendo en Tierra del Fuego”.
La discusión, de este modo, dejó de estar limitada a los costos de fabricar determinados productos en la isla. Los datos laborales y demográficos muestran una consecuencia de mayor alcance: cuando una economía pierde capacidad para generar empleo, también puede perder capacidad para retener a su población. En Río Grande, después de 130 años de crecimiento, ese proceso ya comenzó a aparecer en las estadísticas.