miércoles 19 de agosto de 2026 - Edición Nº2814

Nacional | 18 ago 2026

Crisis del empleo

Fábricas que cierran y pérdida de empleos: uno de los peores pilares de la gestión Milei

Industria, construcción, textiles y automotrices acumulan pérdida de puestos, suspensiones y cierres, mientras el Gobierno apuesta a que la inversión privada genere los empleos que todavía no aparecen.


Por: Redacción

Mientras el gobierno de Javier Milei concentra su discurso económico en la estabilidad, el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación, una crisis avanza sobre el entramado productivo argentino: fábricas que reducen su actividad, empresas que cierran, trabajadores suspendidos y puestos registrados que desaparecen. El deterioro alcanza a diferentes sectores y empieza a instalar una pregunta que la Casa Rosada todavía no consiguió responder: dónde están los nuevos empleos que deberían generar las reformas económicas.

Los números permiten dimensionar el problema. Los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) muestran una fuerte reducción de empleadores desde noviembre de 2023. Un relevamiento de CEPA, elaborado sobre esa información oficial, calculó que hasta abril de 2026 desaparecieron 28.262 empleadores y se perdieron 341.396 trabajadores registrados en unidades productivas. El fenómeno atraviesa empresas de diferentes tamaños, aunque el impacto sobre las pequeñas y medianas firmas resulta especialmente sensible por su dependencia del mercado interno.

La situación empieza a convertirse en uno de los flancos económicos del Gobierno. Milei sostiene que el crecimiento llegará mediante inversión privada, desregulación, apertura comercial y reducción del peso del Estado, pero la transición está dejando sectores con menor producción y empleo. El debate ya no pasa solamente por inflación, dólar o superávit: empieza a trasladarse hacia la economía cotidiana de los trabajadores que pierden su puesto y las ciudades donde una fábrica que reduce personal impacta sobre toda la actividad comercial.


La industria pierde trabajadores y el mercado interno no alcanza

La industria manufacturera es uno de los principales focos de preocupación. La Unión Industrial Argentina (UIA) estimó que hacia fines de 2025 se habían perdido alrededor de 65.000 puestos industriales respecto del comienzo de la administración libertaria. Los relevamientos realizados durante 2026 tampoco mostraron una recuperación sólida: empresas que redujeron producción, caída de ventas y compañías que comenzaron a ajustar sus dotaciones forman parte del escenario que describe la central fabril.

Los datos de actividad acompañan esa preocupación. El índice de producción industrial manufacturero del INDEC registró en abril una caída interanual del 2,8% y acumuló una contracción del 2,4% durante los primeros cuatro meses de 2026. En comparación con marzo, la medición desestacionalizada también mostró un retroceso. El dato adquiere mayor dimensión cuando se combina con una utilización de la capacidad instalada que permanece lejos de los máximos históricos en numerosas ramas.

El deterioro no comenzó con Milei y la historia reciente ofrece antecedentes. Durante el gobierno de Mauricio Macri, la industria también perdió puestos y establecimientos en un contexto de apertura, altas tasas y caída del consumo. Con Alberto Fernández, el empleo industrial consiguió recuperarse después de la pandemia mediante un esquema de mayor intervención, protección comercial y asistencia estatal, aunque ese modelo terminó atravesado por inflación, restricciones cambiarias y desequilibrios macroeconómicos. La particularidad actual es que el Gobierno descarta buena parte de aquellas herramientas mientras espera que la inversión privada compense los puestos que desaparecen.


Construcción: el derrumbe que todavía no consiguió revertirse

La construcción fue una de las primeras actividades en sentir el cambio de modelo. La paralización de buena parte de la obra pública nacional produjo un derrumbe durante el comienzo de la gestión libertaria y dejó miles de puestos en el camino. Con el correr de los meses apareció una recuperación parcial de la mano de proyectos privados y obras financiadas por provincias, pero el nivel de empleo todavía permanece lejos de los mejores registros del sector.

El Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC) contabilizó en mayo de 2026 unos 355.962 trabajadores registrados. Fueron 2.792 empleos menos que durante abril, una caída mensual del 0,8%. El número resulta significativo porque mayo suele ser históricamente un mes favorable para la contratación: desde 2011, el crecimiento promedio del empleo durante ese período había sido del 0,6%.

La diferencia con otros períodos aparece nuevamente en el rol del Estado. Durante la administración de Alberto Fernández, la obra pública funcionó como uno de los motores de la construcción y permitió alcanzar niveles de empleo superiores a los actuales. Milei decidió retirar al Estado nacional de buena parte de ese esquema con el argumento de terminar con el déficit y trasladar la inversión hacia el sector privado. Más de dos años después, ese reemplazo todavía no alcanzó una escala suficiente para recuperar completamente los puestos perdidos.


Automotrices y textiles: suspensiones, ajustes y fábricas bajo presión

La industria automotriz también comenzó a exhibir señales de tensión. Diferentes terminales modificaron turnos, aplicaron suspensiones o negociaron esquemas especiales de producción para adaptarse a una demanda menor. La situación preocupa especialmente por el efecto multiplicador de la actividad: detrás de cada planta existe una extensa cadena de autopartistas, transportistas, metalúrgicas y proveedores que depende del volumen de vehículos fabricados.

El sector textil aparece entre los más expuestos. La caída del consumo interno se combinó con el incremento de las importaciones y generó un escenario particularmente complejo para fabricantes de indumentaria, hilados, tejidos y calzado. Fundación Pro Tejer y diferentes cámaras sectoriales vienen advirtiendo sobre cierres de establecimientos, suspensiones, reducción de personal y una utilización de la capacidad instalada que deja a numerosas compañías operando muy por debajo de sus posibilidades.

El antecedente del macrismo vuelve a aparecer en ambos sectores porque las ramas orientadas al mercado interno también fueron especialmente golpeadas entre 2016 y 2019. La diferencia con el período de Alberto Fernández fue el esquema de protección: restricciones a las importaciones, créditos subsidiados y asistencia estatal permitieron sostener empresas y empleo, aunque también provocaron faltantes de insumos y dificultades productivas. Milei eliminó buena parte de esa lógica y apuesta a que la competencia obligue a mejorar productividad y precios. Para las compañías que no consiguen atravesar esa transición, sin embargo, el resultado puede ser directamente el cierre.


Milei apuesta a esperar, mientras el empleo sigue siendo la deuda

El Gobierno no desconoce las dificultades, pero rechaza la idea de regresar a políticas generalizadas de protección industrial. Su estrategia consiste en consolidar el equilibrio fiscal, reducir impuestos cuando las cuentas públicas lo permitan, desregular mercados y generar condiciones para atraer inversiones. La expectativa oficial es que sectores como energía, minería, hidrocarburos, agroindustria y economía del conocimiento compensen con nuevos puestos aquellos empleos que desaparecen en actividades menos competitivas.

El problema es que ese proceso todavía no ofrece una respuesta inmediata para los trabajadores afectados. No existe un programa integral destinado específicamente a recuperar el empleo industrial perdido ni un esquema equivalente al utilizado en otros períodos para sostener compañías atravesadas por la caída de la actividad. La apuesta oficial está colocada en el mediano y largo plazo, mientras el costo de la transición ocurre ahora: suspensiones, retiros voluntarios, despidos y cierres que golpean especialmente a las economías regionales y ciudades industriales.

Ahí aparece una de las principales discusiones que deberá enfrentar Milei durante la segunda mitad de su mandato. Bajar la inflación y ordenar las cuentas públicas puede resolver una parte de la crisis argentina, pero no garantiza por sí mismo una economía capaz de generar empleo formal. Con más de 28.000 empleadores menos desde noviembre de 2023 y cientos de miles de puestos registrados perdidos en unidades productivas, el desafío para el Gobierno ya no es solamente demostrar que puede estabilizar la economía: necesita explicar cuándo esa estabilidad empezará a traducirse en fábricas que produzcan y trabajadores que recuperen oportunidades.

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