Por: Tomas Verney
La Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) dio inicio a un Curso Básico de Idioma Hebreo destinado a su personal. La fuerza lo presentó como una herramienta para "fortalecer la comunicación con pasajeros israelíes y seguir mejorando nuestra capacidad de respuesta en tareas de seguridad, control y asistencia".
El motivo declarado es concreto: la aerolínea israelí El Al comenzará a operar vuelos directos entre Ezeiza y Tel Aviv el 29 de noviembre. Pero detrás de una necesidad de comunicación que nadie discute aparece una decisión de criterio difícil de explicar.
Esa conexión tendrá apenas dos frecuencias semanales, y el hebreo figura entre las lenguas de menor alcance global: aparece alrededor del puesto 58 en los rankings internacionales de hablantes, con estimaciones que van de 5 a 9 millones de personas en todo el mundo.
La diferencia de escala plantea, cuanto menos, una pregunta sobre los criterios de capacitación. En la Escuela de Oficiales de la PSA, el inglés y el portugués forman parte de la formación obligatoria, mientras que el hebreo fue incorporado en este caso como una capacitación voluntaria.
La nueva conexión de El Al tendrá dos frecuencias semanales, por lo que cabe preguntarse qué criterios utiliza la fuerza para definir qué idiomas incorpora a su oferta de capacitación y con qué alcance. La cuestión no es la conveniencia de que los agentes puedan comunicarse en hebreo con pasajeros israelíes, sino si existe una política general para atender otras lenguas vinculadas a flujos internacionales de pasajeros y, en ese caso, cómo se establecen las prioridades.
El dato que merece atención aparece al observar el origen y el desarrollo de la capacitación. La actividad contó con la participación de la Organización Sionista Argentina (OSA), cuyo presidente, Federico Nemetsky, estuvo presente durante la apertura, y el curso está a cargo de Ariel Merszon, docente de lengua hebrea vinculado a actividades de formación de la institución.
También participó de la apertura Gustavo Sakkal, prosecretario de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA).
El acto contó además con la presencia de autoridades de la PSA y del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria, entre ellas el director nacional Carlos Tonelli Banfi, la vicerrectora María Julia Cordero, el director de Seguridad Institucional Erwin Viera y el secretario de Coordinación y Capacitación Policial Alejandro Rodríguez Diez.
La participación de organizaciones externas no implica, por sí misma, que estas tengan control sobre la formación de la fuerza. La PSA cuenta con mecanismos institucionales para establecer convenios y desarrollar actividades de capacitación con actores externos.
El interrogante, en todo caso, es otro: qué procedimiento utilizó la fuerza para incorporar específicamente esta propuesta, quién la financia, bajo qué criterios se seleccionó al docente y si existen mecanismos similares para otras comunidades, empresas o instituciones vinculadas al tránsito aeroportuario.
La elección no puede leerse fuera del alineamiento que el Gobierno de Javier Milei sostiene con Israel. El propio presidente se definió como "el presidente más sionista del mundo", viajó tres veces a Israel desde que asumió y presentó a Benjamin Netanyahu como su "amigo".
La nueva ruta aérea directa fue confirmada por Milei durante esas giras, y desde el entorno oficial se le atribuyó al propio Netanyahu un rol en su implementación.
En ese cuadro, el embajador argentino en Israel es Axel Wahnish, rabino personal del presidente, y la política exterior rompió la histórica neutralidad argentina al declarar a Irán "enemigo".
El curso de hebreo en la PSA no es, entonces, un hecho aislado ni una decisión meramente técnica de recursos humanos. Es una pieza más de una política exterior que se traduce puertas adentro de las instituciones del Estado.
Lo que en la presentación oficial se describe como un gesto de hospitalidad hacia el pasajero israelí funciona, en los hechos, como la bajada institucional de un alineamiento diplomático a una fuerza de seguridad federal.
Desde la fuerza señalaron que la capacitación es voluntaria, que se dicta de manera presencial en Buenos Aires y que, si otra aerolínea propusiera una iniciativa similar, también la sumarían entre sus propuestas de aprendizaje.
El argumento, sin embargo, no despeja el interrogante. Lo obligatorio en la PSA —inglés, portugués— responde a la escala del tránsito. Lo optativo, en este caso, se organizó con acto de apertura, conducción presente y las puertas abiertas a la organización que impulsó el curso.
Que alrededor de cincuenta agentes se anoten por adhesión propia no altera el hecho de que la fuerza montó una escena institucional para una capacitación de sesenta horas orientada a saludos, orientación de pasajeros y verificación de documentación.
Capacitar a los agentes para atender bien a quienes ingresan al país es una función legítima de cualquier fuerza aeroportuaria. Lo que la PSA todavía debe explicar es por qué priorizó un idioma de alcance marginal para atender dos vuelos semanales, y por qué permitió que un actor externo definiera y dictara la formación de una fuerza de seguridad federal.