jueves 13 de agosto de 2026 - Edición Nº2808

Nacional | 12 ago 2026

Saqueo pesquero

Islas Malvinas: salmonicultura, calamar y una nueva disputa por los recursos del Atlántico Sur

Un proyecto para producir 50.000 toneladas de salmón por año divide a los habitantes de las islas, mientras la caída de la biomasa del calamar obliga a limitar la pesca. El escenario vuelve a poner bajo la lupa la explotación de los recursos naturales en el Atlántico Sur.


Por: Redacción

Las Islas Malvinas quedaron en el centro de una nueva discusión por la explotación de sus recursos naturales. Mientras la administración británica del archipiélago analiza habilitar la salmonicultura industrial, un sector de los habitantes reclama un referéndum para frenar el avance de un proyecto que podría convertirse en uno de los mayores desarrollos productivos de las islas.

Según la investigación realizada por el periodista Luciano Barroso, el proyecto pertenece a Unity Marine, una sociedad integrada por la pesquera local Fortuna y la compañía danesa F-land ApS. La iniciativa contempla instalar centros de producción en 16 puntos del archipiélago y alcanzar unas 50.000 toneladas de salmón por año.
 

El proyecto de salmón que divide a Malvinas

La propuesta generó resistencia entre habitantes del archipiélago, nucleados principalmente en Salmon Free Falklands (SFF), una organización que reclama que la decisión sea sometida a referéndum. La consulta pública comenzó el 7 de agosto y permanecerá abierta hasta el 30 de octubre.

Las objeciones apuntan al posible impacto de las granjas sobre los bosques de algas y otras especies del ecosistema marino, entre ellas pingüinos, calamares, lobos y elefantes marinos, delfines y ballenas. La principal preocupación pasa por determinar qué capacidad tienen las aguas de Malvinas para soportar una industria de semejante escala.

Durante una reunión pública, especialistas convocados por Unity Marine defendieron la posibilidad de desarrollar salmonicultura bajo estrictos controles ambientales. Sin embargo, también admitieron que el modelo utilizado en otros países no puede trasladarse automáticamente al ecosistema de las islas y que serían necesarios estudios específicos.

La crisis del calamar vuelve a encender las alarmas

El debate adquiere mayor dimensión porque se produce mientras el calamar Loligo, uno de los principales recursos económicos del archipiélago, atraviesa una nueva crisis. La administración isleña suspendió temporalmente la segunda temporada de pesca después de que los relevamientos detectaran una biomasa estimada en apenas 17.505 toneladas.

El director de Recursos Naturales, James Wilson, recomendó que las capturas no superen las 10.000 toneladas para preservar ejemplares suficientes para la supervivencia y reproducción. No es la primera vez que el recurso obliga a las autoridades a restringir la actividad: en 2024 y 2025 también hubo problemas con la disponibilidad del calamar.

El dato fue uno de los puntos destacados en el relevamiento de Barroso, que pone en paralelo dos procesos que atraviesan actualmente a las islas: la búsqueda de nuevas actividades económicas para ampliar sus ingresos y las señales de presión sobre uno de los recursos naturales que ya sostiene su economía.

Tierra del Fuego y una discusión que cruza al Atlántico Sur

El escenario también encuentra un antecedente del lado argentino. Tierra del Fuego modificó en 2025 su legislación sobre acuicultura y habilitó determinados desarrollos bajo controles ambientales, aunque mantuvo la prohibición de la salmonicultura industrial en el Canal Beagle.

La diferencia vuelve a instalar una discusión regional sobre los límites de la explotación de los recursos marinos. En Malvinas, además, cualquier decisión sobre el aprovechamiento de los recursos naturales está atravesada por la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido.

La coincidencia entre el avance de un proyecto salmonero de gran escala y la caída del calamar deja planteado un interrogante de fondo: cuánto puede expandirse la explotación económica del Atlántico Sur sin poner en riesgo el ecosistema del que depende buena parte de la economía de las propias islas.

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