sábado 08 de agosto de 2026 - Edición Nº2803

Nacional | 8 ago 2026

Caso fentanilo contaminado

Caputo blinda a Lugones y deja a Milei pagando el costo político del escándalo

En plena avanzada judicial por el fentanilo contaminado, el asesor presidencial decidió sostener al ministro de Salud. Karina Milei se corre del conflicto y el Presidente queda cada vez más expuesto.


Por: Redacción

La decisión está tomada y en la Casa Rosada ya no la disimulan: Mario Lugones seguirá al frente del Ministerio de Salud, pese al avance de la causa por el fentanilo contaminado. El encargado de garantizar esa continuidad es Santiago Caputo, quien cerró filas con el funcionario y ordenó frenar cualquier intento de recambio.

El problema es político. Porque mientras el asesor protege una pieza clave de su esquema de poder, el costo de sostener a Lugones empieza a recaer directamente sobre Javier Milei.

Según trascendió en las últimas horas, el asesor hizo saber entre los suyos que, por el momento, no habrá más modificaciones en Salud. En términos concretos, el mensaje que bajó hacia adentro de la Casa Rosada es claro: Lugones no renunciará y Santiago está dispuesto a sostenerlo mientras avance la crisis.


Caputo ordena, Lugones resiste

En el corazón de la decisión aparece el rol de Caputo como arquitecto del poder interno libertario. Salud no es un ministerio más: forma parte de su territorio político, y la eventual salida de Lugones implicaría ceder influencia en una de las áreas más sensibles del Gobierno.

Por eso, incluso cuando la presión comenzó a escalar, el asesor eligió anticiparse y bajar un mensaje claro hacia adentro: no habrá más cambios en la cartera sanitaria y el ministro no renunciará.

La defensa no es solo institucional, también es personal. Lugones está vinculado al círculo de confianza de Caputo, tanto por afinidad política como por relaciones construidas dentro del ecosistema libertario. En ese esquema, sostenerlo es también sostenerse.


Karina se corre y la interna queda expuesta

Mientras el caputismo se planta, Karina Milei eligió correrse del conflicto. La crisis sanitaria no fue eje formal de la mesa política y, en los hechos, quedó bajo la órbita del asesor presidencial.

La lectura interna es simple: si Salud es territorio de Caputo, también lo es el costo de la crisis. Pero esa lógica tiene un límite evidente.

Porque en la dinámica del poder libertario, cuando estalla un problema, la discusión deja de ser quién controla un área y pasa a ser quién paga el desgaste.


La Justicia avanza y sube la presión

Mientras la política ordena sus propias tensiones, la causa judicial sigue avanzando. Hubo allanamientos —incluso en el Ministerio— e indagatorias a exfuncionarias de organismos clave como ANMAT e INAME.

El expediente ya no se limita a responsabilidades técnicas. Empieza a escalar en la cadena de mando y a rozar decisiones políticas.

Uno de los puntos más sensibles es que, según declaraciones incorporadas a la causa, Lugones estaba al tanto de cuestiones consideradas críticas dentro del sistema de control sanitario.

Aunque eso no implica responsabilidad penal —algo que deberá determinar la Justicia—, sí incrementa el impacto político del caso.
 

Milei, sin fusible

En otro contexto, el Gobierno podría haber ensayado una salida clásica: desplazar al ministro, marcar un corte y ganar oxígeno. Caputo eligió lo contrario: resistir.

Esa decisión redefine el escenario. Porque Lugones no sigue por inercia ni por falta de alternativas, sino por una decisión política explícita del núcleo de poder. Y en esa ecuación, el Presidente queda en el centro.

Sin fusible que absorba el golpe, cada avance de la causa impacta de lleno en Milei, que ya había respaldado públicamente al ministro cuando estalló el escándalo.
 


 

El riesgo de sostener

La estrategia puede funcionar hacia adentro, consolidando a Caputo como garante de poder dentro del gabinete. Pero hacia afuera, el costo es creciente.

Si la investigación se estabiliza, el oficialismo podrá presentar la resistencia como fortaleza. Pero si aparecen nuevas pruebas o decisiones judiciales que profundicen la crisis, la responsabilidad política dejará de concentrarse en Lugones para escalar directamente hacia la figura presidencial.

La ecuación ya está en marcha: Caputo sostiene, Karina se aparta y Milei queda pagando. Y en política, cuando el costo empieza a subir, no siempre alcanza con resistir.

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