Por: Romina Liporace
Llevo varios días viendo publicaciones que ruegan que se vuelva al “canva” mal hecho o al clásico “graphic design is my passion”. El ojo y la cabeza de las personas comienzan a saturarse y la profecía de que aquello que se vuelve perfecto, se acaba, parece acercarse a la realidad en este “mundo futurista” tan instalado.
Regalar nuestros trabajos a la IA solo expone la falta de criterio y permite la masificación de lo que ya funcionó una vez. Por lo cual, es inevitable que aquello que empezamos a ver en todos lados pierda singularidad. Y esto me devuelve la esperanza, porque ¿no es la singularidad el único sentido por el que nos movemos al fin y al cabo?
Comunicar algo que hable de nosotros y de nuestra conexión psicológica y cultural con el mundo, aquello que nos da vergüenza y orgullo al mismo tiempo: la contradicción. ¿Qué cuestiones son menos digeribles para un sistema que el trasfondo humano?
Para un director creativo, la inteligencia artificial puede ser una máquina de producir basura más rápido o una herramienta para pensar imágenes, escenas, referencias, ritmo, atmósfera y narrativa visual.
En mi propio proceso de aprender sola, probando y equivocándome, encontré tres canales útiles para quienes quieren usar IA sin perder criterio creativo.
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