miércoles 06 de mayo de 2026 - Edición Nº2709

Cultura | 6 may 2026

Música y cine

“Daydreaming”, a diez años: Radiohead y la melancolía hecha imagen

El tema de A Moon Shaped Pool unió la fragilidad emocional de Radiohead con el universo visual de Paul Thomas Anderson.


Por: Romina Liporace

El 6 de mayo de 2016, Radiohead lanzó “Daydreaming”, segundo adelanto de A Moon Shaped Pool, su noveno álbum de estudio, publicado digitalmente dos días más tarde. La canción llegó acompañada por un videoclip dirigido por Paul Thomas Anderson, una pieza que terminó de confirmar una alianza artística de rara precisión entre la banda británica y el cineasta estadounidense.

A diez años de aquel lanzamiento, “Daydreaming” conserva intacta su capacidad de hipnosis. Su piano delicado, los arreglos de cuerdas de Jonny Greenwood y las texturas electrónicas construyen una melancolía suspendida, casi líquida, profundamente reconocible dentro del universo sonoro de Thom Yorke y compañía. Pero su potencia no se agota en la música: el video de Anderson convirtió esa fragilidad en imagen, atmósfera y movimiento.

Una canción que suena a despedida

“Daydreaming” tiene algo de canción umbral. No avanza con urgencia ni busca el golpe inmediato: flota. Su estructura parece guiada más por el clima que por la resolución, y en esa decisión aparece una de sus mayores virtudes.

El piano marca un pulso íntimo, mientras las cuerdas y las capas electrónicas abren un espacio de introspección que nunca termina de cerrarse. El resultado es una pieza elegíaca, casi fantasmal, que dialoga de manera directa con el tono de A Moon Shaped Pool, un disco atravesado por la pérdida, la memoria y la erosión afectiva.

En ese marco, “Daydreaming” funciona como una de las canciones más reveladoras del álbum: no explica, sugiere; no estalla, se hunde lentamente en una emoción difícil de nombrar acompañado por una atmósfera expresionista.

 

Paul Thomas Anderson, el traductor ideal de Radiohead

El videoclip muestra a Thom Yorke atravesando una sucesión de puertas que lo llevan de un espacio a otro: edificios, casas, pasillos, hospitales, lavanderías y paisajes abiertos. La lógica es onírica, fragmentada, pero nunca arbitraria. Cada ambiente parece una estación emocional antes que un lugar concreto.

Ahí es donde el lenguaje de Paul Thomas Anderson se vuelve decisivo. El director de Magnolia, There Will Be Blood, The Master y Phantom Thread ha construido una filmografía obsesionada con los climas internos, las soledades difíciles y los personajes que se mueven como si cargaran una vida secreta imposible de verbalizar.

En “Daydreaming”, esa sensibilidad se adapta con precisión al mundo de Radiohead. La cámara acompaña a Yorke sin grandilocuencia, sin narrativa explicativa y sin artificio excesivo. Lo que domina es una puesta en escena contenida, elegante y emocionalmente ambigua.

 

Una alianza que no fue casual

La relación entre Paul Thomas Anderson y Radiohead —sobre todo con Jonny Greenwood— no nació con este videoclip. Greenwood ya había compuesto música para películas del director como There Will Be Blood, The Master e Inherent Vice, una colaboración que explica por qué el cruce entre ambos universos resulta tan orgánico.

Anderson no ilustra la música de Radiohead: la prolonga. No intenta volver literal una canción de por sí esquiva, sino abrirle una forma visual equivalente. Y Radiohead, a su vez, no funciona como simple acompañamiento en el mundo del director, sino como una sensibilidad que contagia ritmo, tensión y atmósfera.

“Daydreaming” probablemente sea una de las expresiones más puras de ese encuentro. La canción y el video parecen hechos del mismo material: pausas, desplazamientos, penumbra, intimidad rota.

 

Un videoclip pensado como cine

La ambición cinematográfica del proyecto fue más allá de la estética. Anderson envió copias en 35 mm del video a salas seleccionadas de Estados Unidos para que pudieran proyectarlo antes de funciones, un gesto poco habitual para un videoclip y coherente con la forma en que la pieza trabaja el espacio, el tiempo y la presencia física de Yorke.

Ese detalle ayuda a entender por qué “Daydreaming” no se siente como un clip promocional convencional. Es una pequeña película de deriva: un cuerpo que camina, puertas que se abren, mundos que se conectan sin explicación y una emoción que se acumula en silencio hasta volverse casi insoportable.

 

Diez años de una obra breve, pero total

A una década de su lanzamiento, “Daydreaming” sigue siendo una de las piezas más sensibles del período tardío de Radiohead. No solo por su belleza musical, sino porque logró condensar en pocos minutos una experiencia estética completa: canción, imagen, duelo, tránsito y memoria.

Tal vez por eso sigue siendo tan recordada. Porque no pertenece del todo ni al formato canción ni al formato videoclip. Es un espacio intermedio donde la melancolía de Radiohead y el refinamiento emocional de Paul Thomas Anderson se encuentran para decir algo que ninguno de los dos, por separado, habría dicho exactamente igual.

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