lunes 27 de abril de 2026 - Edición Nº2700

Regional | 26 abr 2026

semana política

Sin voluntades políticas, con voluntades de políticos


“La política es show bussines para gente fea” rezaba entre risas Roger Stone en su divertido documental, dando cuenta de un elemento clave en la política electoral estadounidense: el pulso como concurso de popularidad. En estas latitudes, sin embargo, discrepábamos enfáticamente al calor de jornadas de la “Patria Grande”, el crecimiento con distribución y la solemnidad filomilitante.

 

No obstante, la crisis de reputación del peronismo, inaugurada post affaire con “el campo”, devenida en crisis de la clase política toda como resultado de lo consecutivos fracasos del macrismo y el desgobierno albertísta; dio vida a este fenómeno políticamente inentendible, que es la actual administración nacional convocada sólo desde aquel ingrediente, otrora ajeno, que es la popularidad aislada.

 

Así, como todo en esta época, cualquier novedad es más bien una copia de cualquier fenómeno inmediatamente anterior y funcional, la imposición de otro outsider, ahora en su versión pastoral, intenta hacer pie en un país al borde de la escisión social.

 

Gebel no es un emergente, es un Frankenstein armado por focus group. Nace del pánico de una clase dirigencial impotente, a la que le tiemblan las rodillas ante la sola idea de volver a ser aplastada electoralmente por un oficialismo lúmpen. A ese terror le superponen la egolatría de un personaje insondable, del que nadie —probablemente ni él mismo— entiende del todo qué piensa o qué fantasmas lo motivan. La desesperación es tan manifiesta que la oposición corre a esconderse bajo el púlpito mediático sin haber dedicado, siquiera, un triste minuto a diseccionar el fenómeno Milei.

 

Otra vez la clase dirigente, probablemente la más pobre intelectual y espiritualmente, propone como única solución la reconfiguración de estructuras desde la superficie; como si lo que hubiera llevado al gobierno al presidente actual no fuera una dinámica diametralmente opuesta -y ahí sí en sintonía con la historia nacional-, forjada desde la base, con peso propio.

 

Mientras el arco opositor busca minar con maniobras electorales la reelección de los hermanos, Caputo y el mismísimo Milei reciben en su oficina a Thiel, un personaje dispuesto a concederle una herramienta autónoma capas de profesionalizar las deficientes estructuras de la inteligencia nacional. Mientras un oficialismo pobrísimo intelectualmente transparenta sus armas y sus causas, el resto busca sumar voluntades, no políticas, sino de políticos.

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