La deuda de los hogares volvió a ganar peso en la agenda económica por un dato que empieza a repetirse con más frecuencia: crecen los atrasos en los pagos y el deterioro ya no se limita a los bancos. También alcanza a billeteras virtuales, fintech y otras entidades no bancarias, donde los niveles de mora son más altos y exponen con más claridad la presión que enfrentan muchas familias para sostener sus gastos corrientes.
En febrero, el sistema financiero mantuvo una cobertura elevada a través de previsiones. El stock total representó el 90% de la cartera irregular, con una leve mejora frente a enero. Medido sobre el total de créditos al sector privado, las previsiones equivalieron al 6%. Ese respaldo funciona como un colchón, pero no cambia la señal de fondo: la calidad de la cartera muestra desgaste y el crédito irregular neto de previsiones siguió en niveles sensibles.
Detrás de esa dinámica aparece una combinación que se volvió cada vez más pesada para los hogares: tasas altas, salarios que no acompañan y una deuda que no pierde peso con el paso de los meses. Según economistas de LCG, la mora crece porque la tasa de interés real sigue por encima de la inflación, lo que impide que los pasivos se licúen y vuelve más difícil sostener los pagos.
Ese cuadro golpea sobre todo a quienes usan crédito para cubrir gastos cotidianos. Cuando el financiamiento deja de estar vinculado a decisiones de consumo y pasa a ser un recurso para llegar a fin de mes, el riesgo de atraso aumenta y la presión financiera se vuelve más visible.
La situación es más delicada fuera del sistema bancario tradicional. En billeteras virtuales, fintech y entidades financieras no bancarias, los niveles de irregularidad ya superan el 30% en algunos casos. Ese dato refleja la fragilidad de los segmentos que dependen de microcréditos o financiamiento de corto plazo para sostener compras diarias.
Un relevamiento privado con datos de fines de 2025 mostró que Tarjeta Naranja registró 35,7% de préstamos irregulares, Cencosud 25,5% y Credicuotas Consumo 25,4%. En el caso de Mercado Pago, la tasa informada en enero fue de 14,7%.
La conclusión que empieza a imponerse es clara: los bancos siguen mostrando mejores niveles de cumplimiento y mayor capacidad de cobertura, pero el deterioro del crédito a los hogares ya atraviesa a todo el sistema. Según Empiria, las entidades no bancarias y las empresas que financian ventas operan con tasas de mora sensiblemente más altas que los bancos, lo que marca dónde se concentra hoy la mayor vulnerabilidad.
Con una deuda total de los hogares que apunta a superar los $39 billones en 2026, el endeudamiento familiar dejó de ser un fenómeno acotado al crédito tradicional. Ahora se reparte entre bancos, billeteras virtuales, financieras y canales comerciales, en un escenario donde el acceso al financiamiento sigue creciendo, pero también lo hace la dificultad para sostenerlo.