El Fondo Monetario Internacional avanzó con la aprobación técnica de un desembolso de 1.000 millones de dólares para la Argentina, tras el contacto en Washington entre su directora gerente, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía, Luis Caputo. Más allá del monto, la decisión marca un giro en la dinámica del acuerdo: el organismo mantiene el respaldo incluso cuando no se cumplen metas clave.
El entendimiento entre el staff técnico y el equipo económico habilita el giro a la espera del aval del Directorio. Sin embargo, el dato central no es el desembolso en sí, sino el contexto en el que se produce: la revisión fue aprobada pese a incumplimientos significativos, en especial en la acumulación de reservas internacionales.
El principal argumento del FMI para avanzar con el desembolso es el frente fiscal. El Gobierno proyecta un superávit primario del 1,4% del PBI, un dato que el organismo considera suficiente para sostener el programa vigente.
A esto se suma la aprobación del Presupuesto 2026 y un paquete de reformas estructurales que, según el Fondo, funcionan como señales de orden macroeconómico. En este esquema, el equilibrio fiscal se convierte en el pilar que permite compensar otros desvíos.
De esta manera, aun con metas incumplidas, el FMI opta por validar el rumbo general. La lógica es clara: priorizar el ajuste fiscal como condición necesaria, aunque no suficiente, para estabilizar la economía.
Pleased to announce Staff Level Agreement on Argentina’s EFF 2nd Review. Good progress in securing stability and rebuilding external buffers to increase resilience to shocks and support poverty reduction. We look forward to completing the review soon. https://t.co/5Nk7CMK9XH pic.twitter.com/j2kTnlI56J
— Kristalina Georgieva (@KGeorgieva) April 15, 2026
La acumulación de reservas sigue siendo el punto más débil del programa. Las reservas netas cerraron 2025 en torno a los –14.100 millones de dólares, muy por debajo de los objetivos originales acordados con el organismo.
Lejos de interrumpir el acuerdo, el FMI decidió redefinir las metas. Ahora proyecta un aumento de al menos 8.000 millones de dólares durante 2026, junto con compras del Banco Central por unos 10.000 millones. En la práctica, la exigencia se traslada hacia adelante.
En paralelo, la inflación continúa como un foco de preocupación. Desde la conducción del Fondo le advirtieron al equipo económico que la suba de precios complica el frente cambiario y dificulta la acumulación de reservas. Sin embargo, esa advertencia no derivó en cambios en la estrategia.
El esquema actual deja en evidencia que los dólares no provienen exclusivamente de la acumulación genuina. El programa se sostiene en deuda, operaciones financieras y préstamos externos, lo que explica la dificultad para fortalecer las reservas.
El economista Andrés Asiain sintetizó este punto al señalar: “Este año todavía no juntó reservas netas, porque básicamente todo lo que juntó fue para pagar deuda o por un repo”. En otras palabras, los dólares ingresan, pero no se acumulan, ya que se destinan a cubrir compromisos.
El desembolso también cumple una función política y financiera: enviar una señal de respaldo. “En términos de mercado, al gobierno le aporta porque muestra que el FMI lo respalda y le alivia la carga”, explicó Asiain, quien además advirtió que un rechazo hubiera tenido un impacto negativo mayor.
Sin embargo, el esquema plantea riesgos de fondo. La flexibilización de metas debilita la credibilidad del programa y diluye los incentivos para corregir desequilibrios estructurales. El respaldo evita una crisis inmediata, pero posterga la resolución del problema central: la falta de generación genuina de divisas y la fragilidad de las reservas.