El oficialismo de Claudio Vidal volvió a quedar atravesado por una nueva fractura interna en la Legislatura de Santa Cruz. El diputado Javier Jara, representante de Las Heras y alineado con el espacio político del senador José Carambia, renunció al bloque Por Santa Cruz y confirmó que pasará a ocupar una banca unipersonal bajo el sello Moveré.
La decisión profundiza la crisis política dentro del armado del gobernador y opaca incluso una de las noticias que el vidalismo esperaba capitalizar: el fallo de la Corte Suprema que avaló la ampliación del Tribunal Superior de Justicia provincial.

Jara comunicó su salida del bloque y sostuvo que continuará su tarea legislativa desde un espacio unipersonal, manteniendo su representación de Las Heras. Aunque justificó la decisión en razones personales, su alejamiento se lee dentro de un proceso político más amplio: el progresivo distanciamiento del sector referenciado en José Carambia respecto del oficialismo provincial.
La ruptura no irrumpe en el vacío. El legislador forma parte del espacio que acompañó la construcción que llevó a Vidal a la gobernación en 2023, pero que luego empezó a explorar una identidad propia, con ambiciones y posicionamiento diferenciado de cara a las próximas disputas electorales.
La salida de Jara no es un episodio aislado. En las semanas previas, otros dos diputados ya habían abandonado el bloque oficialista, dejando en evidencia un deterioro interno cada vez más difícil de encubrir.
El 27 de marzo renunció Alfredo Martínez Alfaro, diputado por Gobernador Gregores, quien también alegó razones personales y decidió continuar con un perfil independiente dentro de la Legislatura. Luego, el 10 de abril, se apartó Mario Piero Boffi, representante de Puerto San Julián, quien fue más explícito en sus cuestionamientos: habló de falta de “diálogo genuino” y de obstáculos en la dinámica de trabajo legislativo.
Con estas tres salidas, el oficialismo suma una secuencia que ya no puede leerse como hechos aislados. Lo que aparece es un bloque atravesado por diferencias políticas, problemas de conducción y crecientes dificultades para sostener cohesión interna.
El caso de Jara cobra un peso político especial porque remite directamente al universo de José Carambia, un actor que fue clave en la coalición que permitió desplazar al kirchnerismo del poder en Santa Cruz.
Sin embargo, ese sector comenzó más tarde a transitar un camino propio, con autonomía respecto del vidalismo. La decisión de Jara se inscribe en ese movimiento: una redefinición política que expresa que parte de los aliados que ayudaron a construir el triunfo de Vidal ya no están dispuestos a seguir bajo la misma lógica de subordinación.
El dato no es menor en una provincia donde las coaliciones suelen sostenerse más por equilibrio de fuerzas que por organicidad partidaria duradera.
La semana también dejó otra señal política: Antonio Carambia, intendente de Las Heras y hermano del senador, participó en Río Gallegos de una reunión con otros jefes comunales para discutir la situación económica de la provincia.
El encuentro fue encabezado por Pablo Grasso, intendente peronista de la capital santacruceña y uno de los dirigentes que ya se proyecta hacia 2027. Junto a intendentes como Javier Belloni, Pablo Anabalón, Darío Menna, Zulma Neira, Raúl Martínez, Aldo Aravena y Tomás Cabral, avanzaron en una propuesta para redistribuir el 50% de los fondos de Unirse entre las localidades, de acuerdo con los coeficientes de coparticipación vigentes.
La reunión tuvo una carga política que excede lo administrativo. Mostró a un grupo de intendentes con agenda común, preocupación compartida por la crisis y una mirada cada vez más crítica sobre el manejo provincial.
Al cerrar el encuentro, Grasso dejó una frase que sintetiza ese clima: “Santa Cruz necesita federalismo, equilibrio y decisión política para cuidar a su gente”.
Semanas antes de dejar el bloque, Jara ya había tomado protagonismo en el recinto al describir con crudeza la situación social de Las Heras. En plena sesión legislativa, afirmó que “hay gente que se está recagando de hambre”, en una intervención que expuso la profundidad del malestar económico en una de las provincias más golpeadas por la crisis nacional.
Ese pronunciamiento no solo tuvo impacto por el tono, sino porque reveló que parte del oficialismo empieza a marcar diferencias también en el diagnóstico social y en la forma de expresar el deterioro que viven distintos sectores de la población.
La fractura política, entonces, no aparece aislada del contexto económico: se nutre también de una realidad provincial que tensiona cada vez más a quienes deben sostener la gestión.
La salida de Jara se produjo en paralelo con una noticia que, en otro escenario, el Gobierno provincial habría celebrado con fuerza: la validación por parte de la Corte Suprema de la ampliación del Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz, que pasará de cinco a nueve miembros.
Tras el fallo, el tribunal emitió un comunicado en el que reafirmó su compromiso con la forma republicana de gobierno y anticipó que dará cumplimiento a lo dispuesto. Se espera que en los próximos días se incorporen Sergio Acevedo, José González Nora, Juan Lucio Ramón de la Vega y Gabriel Nolasco Contreras Agüero al cuerpo que ya integran Paula Ludueña, Fernando Basanta, René Fernández, Alicia de los Ángeles Mercau y Daniel Mariani.
Pero lo que debía funcionar como una victoria política y judicial para Vidal quedó desdibujado por el ruido interno. El gobernador consiguió un aval institucional importante, aunque sin tiempo real para capitalizarlo: su propio frente volvió a mostrar señales de desgaste.
La salida de Jara agrava un problema que ya no puede resolverse con explicaciones individuales. El oficialismo santacruceño enfrenta una etapa más inestable, con aliados que se reubican, intendentes que articulan por fuera de la estructura provincial y una Legislatura donde la cohesión empieza a desarmarse.
La novedad no es solo que se fue otro diputado. La verdadera señal política es que el proyecto de Claudio Vidal comienza a mostrar grietas en su propia base de sustentación. Y en un escenario de crisis económica, disputas territoriales y reacomodamientos de poder, esas grietas pueden transformarse en algo más profundo que una simple incomodidad parlamentaria.