

Los representantes europeos —conocidos como el E3— condicionaron la suspensión del mecanismo de “snapback” (restablecimiento inmediato de sanciones) a tres exigencias concretas: la restauración plena de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), explicaciones claras sobre el inventario de uranio enriquecido y la disposición de Teherán a retomar negociaciones directas con Estados Unidos.
La embajadora británica Barbara Woodward, acompañada por sus pares alemán Ricklef Beutin y francés Jay Dharmadhikari, leyó una declaración conjunta en la que se acusó a Irán de no mostrar señales de cooperación. “Nuestras exigencias eran justas y realistas. Sin embargo, a día de hoy, Irán no ha dado ninguna señal de que tenga intención de cumplirlas”, sostuvo Woodward.
El E3 activó el jueves el proceso de snapback tras denunciar violaciones reiteradas del acuerdo nuclear de 2015. Si no hay consenso en el Consejo de Seguridad, las sanciones de la ONU se reactivarán automáticamente en 30 días.
Desde Teherán, la respuesta fue inmediata. El embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, calificó las condiciones de “irreales” y acusó a Europa de incumplir el pacto firmado hace una década. “Están exigiendo condiciones que deben ser el resultado de las negociaciones, no el punto de partida”, advirtió Iravani, quien pidió una prórroga “técnica y sin condiciones” de la Resolución 2231.
En paralelo, Rusia y China —aliados estratégicos de Irán— presentaron un borrador de resolución que propone extender seis meses el acuerdo nuclear y reiniciar de inmediato las conversaciones. La propuesta necesitará al menos nueve votos en el Consejo de Seguridad y que ningún miembro permanente ejerza su poder de veto.
El trasfondo de la crisis radica en el incumplimiento del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), firmado en 2015. Tras la salida de Estados Unidos en 2018 y la restauración de sanciones por la administración de Donald Trump, Irán comenzó a superar los límites pactados. Según estimaciones recientes, el país acumula más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60%, un nivel muy por encima de lo permitido para fines civiles.
Las potencias occidentales sostienen que ese avance tiene graves implicancias en la capacidad iraní de fabricar un arma nuclear. Teherán, por su parte, insiste en que su programa es pacífico y denuncia ataques militares israelíes, apoyados por Washington, contra sus instalaciones.
Mientras tanto, parlamentarios iraníes debaten un proyecto para abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), lo que añadiría un nuevo capítulo a la creciente escalada.