Desde las aulas y los espacios de investigación de San Carlos de Bariloche, una trayectoria de más de tres décadas acaba de alcanzar un reconocimiento internacional. Alejandro Farji-Brener, investigador superior del CONICET y docente de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), recibió el Premio Penny Bernstein a la Enseñanza Distinguida, otorgado por la Animal Behavior Society (ABS) de Estados Unidos.
La distinción tiene un dato que amplía su alcance para la ciencia argentina: Farji-Brener se convirtió en el primer académico latinoamericano en recibir este reconocimiento, destinado a destacar trayectorias docentes que dejaron una marca en la formación de estudiantes y en las formas de enseñar las Ciencias del Comportamiento.
Pero detrás del reconocimiento individual aparece también una historia colectiva: la de la universidad pública y el sistema científico nacional trabajando de manera articulada. Su trayectoria se desarrolló en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), CONICET-UNCo, con sede en el Centro Regional Universitario Bariloche.
Farji-Brener desarrolló buena parte de su carrera en instituciones públicas que permiten que la investigación, la docencia y la formación de nuevos científicos se encuentren en un mismo espacio.
La articulación entre el CONICET y la Universidad Nacional del Comahue constituye, en ese sentido, una pieza central de su recorrido. Desde Bariloche, esa estructura permitió combinar investigación científica, enseñanza universitaria y formación de estudiantes de grado y posgrado.
Para Farji-Brener, el premio representa justamente una valoración de ese camino sostenido durante años. “Es una gran valoración de mi trayectoria como investigador y docente de grado y posgrado”, expresó al conocer la distinción.
El reconocimiento adquiere una dimensión particular en un contexto en el que el financiamiento de la ciencia y el rol de las universidades públicas forman parte de una discusión central en Argentina. El caso de Farji-Brener muestra, desde la Patagonia, qué resultados pueden surgir de una estructura que articula investigación, educación superior y formación científica.
El Premio Penny Bernstein tiene una característica particular: las postulaciones nacen de los propios estudiantes, que proponen a docentes cuya tarea consideran significativa para su formación.
Ese aspecto adquiere un valor especial en la historia de Farji-Brener. Gran parte de su experiencia estuvo vinculada con cursos intensivos de campo y con estudiantes de distintos países de habla hispana.
El científico destacó justamente esa experiencia compartida. “He podido interactuar con muchos estudiantes de habla hispana procedentes de decenas de países”, señaló.
La distinción fue creada en 1995 y en 2013 adoptó el nombre de Penny Bernstein. El reconocimiento apunta a docentes que lograron generar un impacto duradero en sus estudiantes y que aportaron nuevas formas de pensar la enseñanza.
Que la nominación surja de los propios alumnos también permite dimensionar otro aspecto de la universidad pública: no se trata solamente de producir conocimiento, sino de transmitirlo, formar profesionales y construir nuevas generaciones de investigadores.
Farji-Brener lleva más de 35 años como profesor universitario. Su trabajo científico se concentra en la ecología terrestre y en el comportamiento de insectos, con especial atención a las hormigas como organismos modelo para estudiar distintos fenómenos ambientales.
A través de esos estudios aborda temas como las invasiones biológicas, los efectos de diferentes disturbios sobre el suelo y el funcionamiento de sociedades animales complejas. Pero su forma de enseñar parte de una idea sencilla: “Se aprende haciendo y es mejor estimular preguntas que dar respuestas”.
Esa premisa atraviesa su vínculo con los estudiantes. En lugar de limitar el aprendizaje a la repetición de contenidos, propone pequeños proyectos de investigación, trabajo en equipo y experiencias directas con los problemas que se estudian.
También busca que los futuros científicos construyan confianza en sus propias observaciones. Su propuesta apunta a que aprendan a formular preguntas, analizar los resultados y desarrollar pensamiento crítico.
Y allí vuelve a aparecer la importancia de la articulación entre universidad e investigación. Los estudiantes no solo reciben conocimientos: tienen la posibilidad de participar de procesos de investigación y acercarse a la producción científica desde su propia formación universitaria.
Para Farji-Brener, convertirse en el primer latinoamericano reconocido con este premio también representa una señal para la educación superior de la región.
“Demuestra que en este campo estamos a la altura del resto del mundo”, afirmó al referirse al trabajo que se realiza en América Latina y en los sistemas universitarios de habla hispana.
El reconocimiento trasciende así su recorrido personal. La distinción vuelve a poner en el escenario internacional al Centro Regional Universitario Bariloche, al INIBIOMA, a la Universidad Nacional del Comahue y al CONICET, instituciones que sostienen desde la Patagonia una parte del sistema científico y educativo argentino.
En tiempos de discusión sobre el financiamiento de la ciencia y la universidad pública, el reconocimiento obtenido por Farji-Brener funciona también como una muestra concreta del valor de ese sistema: un investigador formado y desarrollado en Argentina, trabajando desde una universidad pública patagónica y un instituto de investigación del CONICET, acaba de recibir uno de los principales reconocimientos internacionales en su área docente.
Desde Bariloche, el premio llega como una distinción individual, pero también como una reivindicación de un modelo de educación y ciencia pública capaz de producir conocimiento, formar profesionales y proyectar investigadores argentinos hacia el mundo.
Río Negro