Que no haya un opositor capaz de aglutinar voluntades anti Milei no es refutable, al menos por ahora. Tanto es así que las encuestas de todos los colores marcan un profundo rechazo popular a un retorno al pasado. Eso incluye desde Cristina a Macri, pasando por Kicillof, Massa o María Eugenia Vidal. Es, tal vez, el activo más importante del Presidente. O incluso el único que le queda. Resta la huída hacia adelante. El 65 por ciento rechaza a Milei, pero a la vez quiere algo nuevo. Un nuevo outsider. Por eso se ensaya con Dante Guebel, Jorge Brito o Daniel Hadad.
Si Weretilneck utiliza ese prisma nacional para analizar su realidad provincial, notará que las circunstancias son distintas. Primero porque el desgaste de 16 años gobernando es muy superior al de Milei. Segundo porque las dos alternativas que le hacen sombra están mucho más fuertes que la oposición nacional. De hecho, le ganaron una elección en octubre pasado, dejándolo tercero en términos de fuerza política, aunque su pollo Facundo López recién apareció cuarto en cantidad de votos recibidos en forma individual. Y segundo, porque si el electorado buscara “algo nuevo” aparece su gran amenaza, Aníbal Tortoriello, como una alternativa posible. ¿Habrá otras opciones que puedan restarles, sobre todo al peronismo y a la derecha? Weretilneck trabaja para eso.
Respecto a la garantía de estabilidad de la Argentina, también la asiste la razón. Claro que hay que ver quién es capaz de garantizarla. Tal vez ya no sea Milei y tal vez ya no sea Weretilneck en Río Negro. La paz social pende de un hilo. El endeudamiento familiar, la imposibilidad de llegar a fin de mes para grandes sectores de la población, las dificultades de supervivencia de clubes, asociaciones intermedias y hasta grupos de amigos, lesionan un tejido social que empieza a lucir agotado. El pacto suicida de dos abuelos que no podían afrontar la vida cotidiana en Cipolletti es apenas una muestra brutal de lo que está pasando. Los récords en la tasa de suicidios en los últimos años son otra señal de la salud mental que atraviesan millones de personas. El descontento de estatales, incluidos docentes, personal de salud y policías suma stress. El estado de las rutas en territorio rionegrino que hacen juego con el estado de las calles de las ciudades gobernadas incluso por Juntos Somos Río Negro, la estrechez de recursos para dar respuestas estatales, en fin, la degradación estatal, opera en la cabeza de los electores y profundiza su malestar con la política. Argentina necesita estabilidad, en eso Weretilneck tiene razón. Pero en los cementerios también hay paz, estabilidad, silencio. Y la gente, en general, prefiere no vivir en ellos.

El intendente Walter Cortés y el gobernador Weretilneck se encontraron con una elección que inaugurará el calendario 2027, aunque sea en noviembre del 26. Se trata de designar a los convencionales para reformar la Carta Orgánica. Es importante resaltar que no se trata de una prueba electoral impulsada por alguna necesidad partidaria, sino prevista por la Carta Orgánica vigente. ¿A quién beneficia esta elección? Principalmente a Cortés. El gobernador tuvo que caer al pie del sindicalista y aceptar todas las condiciones impuestas para evitar exponer a Juntos Somos Río Negro a un papelón o directamente a una no participación. Los verdes se integraron a una alianza, pero como acompañantes, sin protagonismo. Si gana la elección, ganará Cortés. Weretilneck sólo tendrá una foto festejando un triunfo ajeno. Sin embargo, será la punta de lanza para un acuerdo electoral provincial, donde otra vez Cortés impondrá condiciones.
Cuando los funcionarios y legisladores de Juntos ven arrimarse el año que viene, empiezan a mirar el llano con pánico. Notan que se van estrechando los lugares expectantes para asegurarse el salario, incluso ganando la elección. Los acuerdos electorales que va tejiendo Weretilneck y que dejan casi en ridículo el rol nobiliario asignado a Rodrigo Buteler y Marcos Castro como autoridades partidarias, se podrían cumplir entregando la vicegobernación y lugares importantes en la lista sábana y los circuitos. Para colmo, el estratega Derek Hampton ya avisó que se viene una ola de caras nuevas. “Entre la gente de Cortés, algo que le van a dar a la UCR y al ARI y las caras nuevas, estamos afuera”, reflexiona más de un dirigente que ocupa lugares desde hace tres o cuatro gestiones. Y en las ciudades que gobierna Juntos pasa más o menos lo mismo. En Viedma, por ejemplo, hay más precandidatos a legisladores en el oficialismo que baches.

Como telón de fondo de la tibia efervescencia que empieza a lentamente a escalar hasta la superficie se recorta el problema de la inflación. A nivel nacional se estabilizó en alrededor del 33 por ciento anual. Hace un año, Milei dijo que la inflación de julio de 2026 empezaría con un cero adelante. No sólo no ocurrió. El método viejo, que es favorable a los intereses del Presidente, dio 2,1. En Capital Federal había dado 2,9. Y en Viedma y Patagones dio casi 2,7.
La inflación baja entre las preocupaciones de los argentinos, lideradas por otras cuestiones económicas, fundamentalmente lo que se resume en la frase “me cuesta llegar a fin de mes”. Sin embargo, el principal problema con que se encuentra Milei es que ya no genera expectativas. El sacrificio pedido y que muchos argentinos se mostraron dispuestos a hacer, no arrojó resultados y ahora crece la sensación de que no los arrojará nunca.
Weretilneck juega todo el tiempo con la generación de expectativas a partir de la exportación de petróleo y gas por los puertos rionegrinos, un desarrollo que fue un guiño del destino, porque nunca ocupó ni un renglón en su plataforma electoral de 2023. Sin embargo, salvo en enclaves muy puntuales y en sectores como los obreros de la construcción nucleados en la UOCRA, esas obras no derraman en grandes sectores de la sociedad rionegrina, que ve deteriorarse a la fruticultura, cerrar los comercios, sufrir a las pymes, mientras en algunas ciudades valletanas suben los alquileres y el costo de vida por la cercanía con Vaca Muerta. Incluso Bariloche, que empieza a cambiar un perfil de turismo de todo el año por otro con temporadas mucho más marcadas, donde los meses de baja son especialmente malos.
En conclusión, Weretilneck tiene razón. No hay, por ahora, nadie que pueda ganarle a Milei. Pero de seguir las cosas así, lo habrá. En Río Negro, en cambio, Weretilneck ya tiene dos opciones competitivas y un desgaste superior al del Presidente. Y si, Argentina necesita estabilidad. El punto es que Milei pueda ser garantía de estabilidad ante una vida cotidiana que empieza a ser cada vez más inestable para millones de argentinos y decenas de miles de rionegrinos.
Elecciones constituyentes en Bariloche
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