La legisladora Marcela González Abdala cuestionó al Gobierno de Alberto Weretilneck y sostuvo que Bariloche no ocupa un lugar real de prioridad en la agenda provincial.
La dirigente apuntó contra el estilo de gestión del oficialismo y afirmó que los funcionarios llegan a la ciudad, dan entrevistas, coordinan apariciones públicas y luego se van sin dejar soluciones concretas. Para Abdala, ese mecanismo se repite con obras y reclamos que siguen pendientes desde hace años.
Uno de los puntos más fuertes de su crítica fue la contradicción entre el discurso energético del Gobierno y la realidad cotidiana de muchos vecinos. Según planteó, mientras la Provincia habla de convertir a Río Negro en un “hub exportador de energía”, en Bariloche todavía hay familias que dependen de garrafas.
También cuestionó el estado de rutas estratégicas. Señaló que el Gobierno reclama a Nación por las rutas 22 y 151, pero deja postergada la Ruta 23, clave para integrar la provincia de este a oeste.
A eso sumó dos ejemplos sensibles para la ciudad: el acceso al aeropuerto, anunciado varias veces y todavía deteriorado, y la terminal de ómnibus, prometida para el aniversario de Bariloche pero aún paralizada.
La legisladora vinculó sus críticas con el debate político que se abre en la ciudad por la reforma de la Carta Orgánica Municipal. En ese marco, llamó a construir una alternativa amplia y a dejar de lado intereses personales para discutir qué ciudad se quiere hacia adelante.
El planteo de Abdala busca instalar una idea clara: Bariloche no necesita más anuncios, sino decisiones concretas. En una ciudad que sostiene buena parte del turismo, la economía y la proyección internacional de Río Negro, las obras demoradas ya no son sólo una deuda administrativa. También son una señal política sobre el lugar que el Gobierno provincial le asigna a la zona andina.