En lo que representa la crisis institucional más profunda en lo que va de la administración libertaria, Manuel Adorni renunció a su cargo como Jefe de Gabinete de la Nación. La dimisión del funcionario se precipitó este viernes tras una serie de escándalos por presunta corrupción e investigaciones judiciales por irregularidades administrativas, un desgaste que se volvió insostenible para el entorno presidencial tras el regreso de Javier Milei de su viaje a España.
En su reemplazo, el Gobierno nacional designó a Diego Santilli, el actual ministro del Interior, quien asumirá la conducción de la Jefatura de Gabinete con el complejo desafío de reconstruir los lazos parlamentarios con los bloques dialoguistas y encapsular el impacto político de cara al segundo semestre.
La misiva de renuncia, redactada en la intimidad de la Quinta de Olivos, adoptó un marcado tono de victimización. El exjefe de ministros centró su defensa discursiva en el impacto que las revelaciones periodísticas provocaron sobre su círculo familiar primario, desmarcándose de la culpabilidad administrativa y caracterizándose como un cuadro técnico independiente eyectado por el barro de la política tradicional.
"No puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero a esta carnicería mediática. Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas" — Manuel Adorni, fragmento de su carta de renuncia.
En el texto, el exfuncionario también buscó desmentir las versiones de la oposición sobre un presunto control extorsivo de su parte hacia el "triángulo de hierro" de la Casa Rosada, intentando licuar la densidad de las pruebas que hoy analiza el fiscal federal Gerardo Pollicita en los tribunales de Comodoro Py.
La permanencia de Adorni en el Gobierno comenzó a resquebrajarse debido al avance de expedientes judiciales y periodísticos que pusieron bajo la lupa decisiones de su órbita:
Evolución patrimonial: Presentaciones judiciales de la oposición cuestionaron su enriquecimiento e inversiones.
Contrataciones polémicas: Auditorías sobre la compra de sábanas de lujo destinadas a dependencias oficiales.
Equipamiento tecnológico: La adquisición de un monitor gamer y otros dispositivos informáticos con fondos del Estado que derivaron en denuncias por malversación.
A pesar de que Javier Milei ensayó defensas públicas de su colaborador en semanas previas, el Presidente fijó un límite tajante que terminó por acelerar el desenlace: "Si la Justicia demuestra que es culpable, le doy una patada en el culo".
La salida del jefe de Gabinete se concretó apenas unos días después de que el oficialismo lograra sortear una fuerte embestida en el Congreso de la Nación. Los bloques opositores habían convocado a una sesión especial en la Cámara de Diputados con el objetivo de interpelar formalmente al funcionario.
Aquel intento legislativo naufragó debido a la falta de quórum, gracias al respaldo estratégico que el PRO, sectores de la UCR y bloques provinciales le brindaron a la fuerza de gobierno. Sin embargo, en la Casa Rosada interpretaron rápidamente que esa victoria parlamentaria era puramente transitoria y que el costo político acumulado amenazaba con trasladarse y opacar la agenda económica del Poder Ejecutivo.