El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, empezó a marcar una distancia cada vez más nítida del Gobierno nacional. Después de meses de acompañamiento moderado y gestos de prudencia política, el mandatario provincial endureció sus críticas contra Javier Milei y habló de un “rompimiento del contrato moral” entre el oficialismo libertario y sus votantes.
La definición no es menor. Weretilneck no cuestionó únicamente una medida puntual, sino el modo en que el Gobierno administra el ajuste, se vincula con las provincias y construye poder político. En su lectura, Milei llegó a la Casa Rosada con la promesa de hacer algo distinto a la política tradicional, pero terminó reproduciendo lógicas de confrontación, aislamiento y falta de previsibilidad.
“Este fue un gobierno que vino a hacer todo lo distinto que la política hacía siempre, y eso no es lo que ha sucedido después de dos años”, sostuvo Weretilneck en declaraciones radiales. En ese marco, consideró que existe un “rompimiento del contrato moral con los electores”.
El gobernador planteó que la sociedad puede tolerar medidas duras si percibe coherencia, horizonte y una conducción política clara. Pero advirtió que, cuando esa confianza se resquebraja, también se achica el margen de paciencia social.
“Si había contrato moral, probablemente hubiera mucha más paciencia y tolerancia”, reflexionó, al señalar que el problema del Gobierno no pasa solo por la economía, sino también por la pérdida de credibilidad política.
Weretilneck reconoció que existen objetivos nacionales sobre los que puede haber consenso, como bajar la inflación, ordenar la deuda externa, reducir el déficit fiscal y fortalecer vínculos internacionales. Sin embargo, cuestionó con dureza la forma en que el Ejecutivo aplicó ese programa.
“Reducir el déficit, sí, pero con criterio, no con la motosierra a tontas y a locas”, afirmó. La frase apunta directamente al corazón del modelo libertario: un ajuste presentado como señal de orden fiscal, pero que para los gobernadores empieza a traducirse en caída de recursos, deterioro social y tensión política.
El mandatario rionegrino también cuestionó la estrategia de confrontación permanente de la Casa Rosada. “Uno no se puede pelear con todo el mundo al mismo tiempo”, advirtió, en referencia a los cruces del Gobierno con periodistas, empresarios, dirigentes políticos y sectores institucionales.
En su diagnóstico, Weretilneck describió una paradoja que empieza a atravesar la discusión pública: la inflación muestra una desaceleración, pero la economía real no reacciona.
“El Gobierno jugó todas sus cartas”, señaló, al advertir que la apertura de importaciones golpeó a la industria, el comercio y el empleo. También remarcó que los salarios vienen actualizándose por debajo de la inflación, lo que deteriora el consumo y limita cualquier expectativa de recuperación.
“No se está consumiendo, no hay creación de nuevos empleos”, planteó. Para el gobernador, el problema no es solo el costo social del ajuste, sino la falta de una explicación convincente sobre qué etapa viene después.
Weretilneck también leyó el escenario político hacia adelante. Según su mirada, la Argentina se encamina a una fragmentación en tres grandes bloques: un 30% que respalda a La Libertad Avanza, otro 30% que la rechaza de manera frontal y un tercer sector que no quiere volver al pasado, pero tampoco está conforme con el presente.
Ese segmento, sostuvo, será decisivo en la próxima elección. La interpretación explica también el giro provincialista de Juntos Somos Río Negro, que busca correrse tanto del alineamiento pleno con Milei como de una oposición nacional rígida.
En esa misma línea, el gobernador defendió el desdoblamiento electoral como una herramienta para discutir los problemas provinciales sin quedar atrapados por la polarización nacional.
Frente al deterioro de la relación con Nación, Weretilneck buscó refugio político en el eje patagónico y en el acuerdo del Comahue con el gobernador neuquino Rolando Figueroa. El centro de esa estrategia es el desarrollo energético asociado a Vaca Muerta, donde Río Negro y Neuquén intentan construir una agenda productiva propia.
El mandatario contrastó ese esquema con el escenario nacional y destacó que Río Negro registra crecimiento del empleo privado y una de las tasas de desocupación más bajas del país.
“Hoy junto con Neuquén somos las únicas provincias que creamos empleo privado”, sostuvo, en un intento por diferenciar la gestión provincial del programa económico nacional.
El alejamiento de Weretilneck no ocurre en el vacío. Llega en un momento de mayor desgaste del Gobierno nacional, con tensiones por la caída de fondos a las provincias, críticas al ajuste y escándalos que golpean a figuras centrales del oficialismo.
En ese contexto, el gobernador rionegrino parece haber leído un cambio de clima. La etapa de adhesión al “clima de época” libertario empieza a ceder lugar a una estrategia más provincialista, enfocada en defender recursos, empleo, energía y autonomía política.
La frase sobre el “contrato moral” funciona como síntesis de ese giro. Weretilneck no rompe del todo con Milei, pero deja de concederle el beneficio de la duda. Y en una Argentina donde el centro político puede volver a ser decisivo, esa distancia empieza a tener peso propio.
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