REGIONAL | 15 ABR 2026

FARMACIAS EN RíO NEGRO

Río Negro apura una reforma de farmacias que abre más dudas que certezas Bajada

El Gobierno la presenta como una modernización, pero en el sector crece la sospecha de que podría habilitar concentración y cambiar el mapa del negocio.




El proyecto de reforma del sector farmacéutico impulsado por el Gobierno de Río Negro entró en una etapa decisiva y será tratado en la Legislatura el próximo 30 de abril. En la versión oficial, se trata de una actualización necesaria para modernizar el acceso a los medicamentos. Pero a medida que se acerca la votación, empieza a tomar fuerza otra lectura: la de una reforma que, detrás del discurso de apertura y eficiencia, podría estar allanando el camino para un reordenamiento más profundo del negocio farmacéutico en la provincia.

La iniciativa elimina restricciones históricas para la apertura de farmacias, como la distancia mínima entre locales y la relación entre cantidad de habitantes y cantidad de establecimientos. Ese sistema regulado había sido pensado para sostener una distribución territorial relativamente equilibrada, sobre todo en ciudades medianas y localidades pequeñas. Si ese esquema cae, lo que cambia no es solo una norma: cambia la lógica con la que se organizó durante años el acceso al medicamento en Río Negro.

Qué cambia con la reforma de farmacias en Río Negro

El corazón del proyecto es la desregulación. Si se aprueba, la instalación de nuevas farmacias quedará liberada de varios límites que hasta ahora funcionaban como barreras de ingreso. Para el Gobierno, eso significa más competencia, más innovación y una adecuación del sistema a nuevos hábitos de consumo. Para quienes miran el proyecto con desconfianza, en cambio, la pregunta es otra: quiénes están realmente en condiciones de aprovechar esa apertura.

El texto también incorpora herramientas como la receta electrónica, la telefarmacia y la entrega a domicilio, elementos que le permiten al oficialismo presentar la reforma como una modernización integral. Sin embargo, esos avances tecnológicos conviven con una inquietud más de fondo: si la discusión sanitaria no está siendo utilizada como cobertura para habilitar una mayor escala comercial en un sector históricamente regulado.

Los actores que podrían ganar con el nuevo escenario

En Río Negro operan hoy unas 200 farmacias, con mayor concentración en ciudades como Bariloche, Viedma, General Roca y Cipolletti. En ese mapa, las farmacias de cercanía todavía conservan peso propio, sobre todo fuera de los grandes centros urbanos. Pero la reforma abre una puerta que no todos podrán cruzar del mismo modo.

Entre los nombres que ya aparecen mejor posicionados figuran Global, con antecedentes de expansión en Neuquén y Chubut, y Farmacias Ochoa, que analiza crecer en Viedma y zonas cercanas. Ese dato no es menor. Porque si la nueva regla favorece a quienes tienen más capital, más estructura y mayor capacidad de expansión, la supuesta apertura del mercado podría terminar concentrándolo todavía más.

El temor silencioso de las farmacias de barrio

Ese es, justamente, el núcleo de la preocupación que empieza a crecer entre farmacéuticos independientes. En ciudades intermedias y localidades pequeñas, donde la rentabilidad es más ajustada y la farmacia cumple además una función social, la llegada de jugadores más grandes podría derivar en un proceso de cierres progresivos. La inquietud no pasa solo por la competencia: pasa por la posibilidad de que la lógica comercial termine desplazando al criterio sanitario y a la cobertura territorial.

Por eso, detrás del debate técnico sobre distancias o habilitaciones, lo que aparece es una discusión mucho más incómoda: si el medicamento va a seguir siendo tratado como un bien vinculado a la salud pública o si, poco a poco, empieza a ser absorbido por una lógica de mercado más agresiva.

Una reforma con votos casi asegurados

El oficialismo de Juntos Somos Río Negro llega al debate con una base de apoyos ya bastante consolidada. El vicegobernador Pedro Pesatti confirmó la fecha de tratamiento y el Ejecutivo confía en reunir los votos para aprobar la reforma. Entre los respaldos aparecen La Libertad Avanza, sectores del PRO, Primero Río Negro y el ARI-Coalición Cívica, aunque algunos de esos espacios todavía dicen estar escuchando objeciones del sector.

El radicalismo mantiene una posición más cautelosa: acompaña la necesidad de modernizar, pero no termina de avalar una liberalización total. El peronismo y el sector referenciado en Aníbal Tortoriello también analizan posibles cambios, aunque en el oficialismo descuentan que la ley terminará saliendo. Ese dato político es parte del clima que rodea al proyecto: más allá de las dudas que genera, el Gobierno parece decidido a avanzar.

El antecedente que vuelve a incomodar: Farmacity

En ese contexto, volvió a colarse un nombre que funciona como advertencia: Farmacity. El antecedente de la provincia de Buenos Aires, donde la Corte Suprema frenó la expansión de ese modelo al entender que podía afectar el carácter sanitario de la actividad, reapareció con fuerza en el debate rionegrino. No porque el caso sea idéntico, sino porque vuelve a plantear la misma tensión: hasta dónde puede abrirse el negocio sin alterar la función pública que cumple una farmacia.

Ese espejo no incomoda solo al sector farmacéutico. También obliga al oficialismo a defender con más cuidado una reforma que, aunque presentada como técnica, ya empezó a cargar con un fuerte contenido político e ideológico.

Lo que dice el Gobierno y lo que no termina de cerrar

Desde el oficialismo rechazan que se trate de una desregulación sin control. También remarcan el rol de Profarse, la productora farmacéutica estatal, como herramienta para sostener medicamentos genéricos a menor costo y amortiguar posibles efectos de la apertura. En esa línea, Alberto Weretilneck defiende la iniciativa como una respuesta a una realidad que cambió y a la necesidad de actualizar las reglas.

Pero del otro lado, el Colegio de Farmacéuticos de Río Negro cuestiona la falta de participación en la discusión y advierte que una reforma de esta magnitud no debería avanzar sin debate amplio. Su titular, Alejandra Falou, insiste en que la farmacia es un establecimiento sanitario y que las reglas actuales cumplen una función concreta para garantizar acceso, sobre todo en lugares alejados de los grandes centros.

Ahí aparece el punto que deja más preguntas que respuestas: si la reforma está pensada para ampliar derechos o si, detrás de esa promesa, lo que se está habilitando es otra cosa. Una transformación del mercado que todavía no se dice del todo, pero que ya empieza a insinuarse en los nombres que se acomodan mejor para crecer, en los respaldos políticos que se alinean rápido y en la inquietud de quienes conocen el sistema desde adentro.

Un debate que va mucho más allá de las farmacias

Por eso, la discusión de fin de mes no definirá solo una reforma sectorial. También pondrá a prueba hasta dónde quiere avanzar Río Negro en una agenda de desregulación alineada con el clima nacional. Lo que está en juego no es únicamente cuántas farmacias habrá o dónde podrán abrir. Lo que se discute, en el fondo, es qué modelo de acceso a los medicamentos quiere la provincia y quiénes serán los verdaderos ganadores cuando cambien las reglas.

 

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