Un reciente mapa interactivo elaborado por investigadores del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) volvió a encender las alarmas sobre un proceso silencioso pero persistente, que es la extranjerización de tierras en la Argentina. El relevamiento muestra que más de 13 millones de hectáreas del territorio nacional están hoy en manos de capitales foráneos, con una concentración marcada en zonas que reúnen recursos estratégicos como agua dulce, minerales, energía y corredores logísticos.
Río Negro no aparece entre las provincias que superan el límite legal del 15% de tierras extranjerizadas, pero eso no implica que el fenómeno sea marginal. Por el contrario, la provincia concentra casos emblemáticos que revelan cómo la discusión va mucho más allá de un porcentaje estadístico y se vincula directamente con la soberanía territorial, el control del agua, los bosques y el uso del suelo en áreas sensibles para proyectos inmobiliarios. Hoy, solo alrededor del 1,78% de las tierras rurales de Río Negro están en manos de propietarios extranjeros, lo que equivale a poco más de 314.000 hectáreas sobre un total de casi 17,6 millones de hectáreas rurales.
Qué zonas de Río Negro aparecen en el mapa del CONICET
El relevamiento departamento por departamento permite identificar focos concretos de extranjerización dentro de la provincia.
Bariloche: es el departamento con mayor concentración de tierras en manos extranjeras en Río Negro. Allí el porcentaje supera el 3% del total de la superficie, impulsado por grandes extensiones adquiridas con fines turísticos, inmobiliarios y de reserva de valor, muchas de ellas vinculadas a capitales extranjeros.
Zona andina sur–El Bolsón y áreas rurales aledañas: el mapa muestra niveles de extranjerización por encima del promedio provincial, asociados a emprendimientos turísticos, estancias privadas y proyectos de conservación privada que concentran grandes extensiones de tierra.
Ñorquinco y Pilcaniyeu: aparecen con porcentajes intermedios, donde la presencia extranjera no es dominante pero sí relevante en relación con la baja densidad poblacional y el valor estratégico del territorio, especialmente por el acceso al agua y corredores naturales.
Departamentos de la Línea Sur y Valle Medio (como Valcheta, 9 de Julio o General Roca): registran niveles muy bajos o casi nulos de extranjerización, lo que confirma que el interés extranjero se orienta principalmente a zonas cordilleranas y de recursos naturales sensibles.
Joe Lewis y Lago Escondido: un símbolo que persiste
El caso más paradigmático sigue siendo el de Lago Escondido, en la cordillera rionegrina. A fines de los años 90, el magnate británico Joe Lewis adquirió miles de hectáreas en una zona considerada de seguridad de frontera. Desde entonces, el conflicto no se limitó a la titularidad de la tierra, sino que se discutió persistentemente sobre el acceso público al lago, un espejo de agua que por ley es de dominio público pero que en la práctica permanece vedado.
Lago Escondido se transformó en un símbolo nacional de la extranjerización de tierras, no solo por el origen del capital, sino porque involucra recursos hídricos, caminos públicos, fallos judiciales incumplidos y una persistente incapacidad del Estado para garantizar derechos básicos sobre su propio territorio.
Incendios forestales y presión sobre la tierra
El debate sobre la tierra se vuelve aún más sensible cuando se lo cruza con los incendios forestales que afectaron a la Patagonia en los últimos años. En Río Negro, la temporada pasada dejó decenas de miles de hectáreas quemadas, con focos de gran magnitud en zonas cordilleranas y rurales. En algunos episodios puntuales, como en áreas de El Bolsón y la región sur, el fuego arrasó bosque nativo, pastizales y zonas productivas, generando pérdidas ambientales y sociales difíciles de revertir.
Si bien no existe una relación directa comprobada entre incendios y extranjerización, el contexto despierta sospechas y preguntas inevitables: qué ocurre con esas tierras después del fuego, qué cambios se habilitan en el uso del suelo y quiénes terminan beneficiándose en escenarios de emergencia ambiental. La discusión se vuelve más delicada cuando, a nivel nacional, se impulsan modificaciones a la Ley de Tierras y se habilita la producción o el cambio de uso en áreas incendiadas.
Proyecto Baguales: agua, energía y control privado
A este escenario se suma el proyecto Baguales, en la zona cordillerana entre Bariloche y El Bolsón. Allí se avanza con la construcción de tres pequeñas represas hidroeléctricas sobre el arroyo Baguales, impulsadas por capitales privados vinculados a inversores extranjeros. Las centrales, autorizadas por la provincia, utilizarán agua pública para generar energía destinada principalmente a emprendimientos turísticos y residenciales de alto nivel.
Aunque se trata de represas de baja escala, el punto crítico no es solo la potencia energética, sino el control del recurso hídrico. En una región donde el agua dulce es estratégica y cada vez más escasa, la cesión de su uso por décadas a proyectos privados reabre un debate de fondo: quién decide sobre el agua, con qué controles y en beneficio de quién.
Organizaciones ambientales y sectores sociales advierten que estos emprendimientos consolidan un modelo donde la tierra y el agua quedan asociadas a desarrollos exclusivos, limitando el acceso y condicionando el uso futuro de bienes comunes, donde el Gobierno de la Provincia mira para el costado y otorga que se realicen estos mega proyectos.
Soberanía, recursos y futuro
El mapa del CONICET aporta un dato clave, porque la extranjerización de tierras no es aleatoria. Se concentra en zonas fronterizas, cuencas hídricas, áreas con potencial energético o mineral, y territorios estratégicos en un contexto global atravesado por la crisis climática y la disputa por recursos naturales.
En Río Negro, la combinación de grandes propiedades en manos extranjeras, incendios forestales recurrentes y proyectos privados sobre el agua plantea un panorama que trasciende la coyuntura política. Se trata de definir qué rol tendrá el Estado provincial y nacional en la defensa del territorio, cómo se regulan las inversiones y hasta dónde se permite avanzar sobre bienes que no son reproducibles.
La extranjerización no es solo una cuestión de nacionalidades o ideologías. Es, cada vez más, un debate sobre quién controla la tierra, el agua y las decisiones estratégicas en una provincia clave de la Patagonia. Y, sobre todo, sobre qué modelo de desarrollo se proyecta para las próximas décadas.